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Europa en la encrucijada

  1. INTRODUCCIÓN

    Las elecciones para el Parlamento Europeo de junio de 2009 son la oportunidad para empezar a construir los cimientos de una nueva Unión Europea y abrir una nueva perspectiva de cambio para Europa.

    Estamos inmersos en una profunda crisis financiera, económica y social, una crisis del sistema capitalista. Su impacto en Europa es brutal y demuestra una vez más el fracaso de la globalización neoliberal que, a una escala global, ha maximizado los beneficios de los principales actores de los mercados financieros sin ningún control estatal o intervención pública. Las políticas, los estados y la sociedad entera se subordinan a un mercado financiero sin control. El resultado es claro: falta de democracia y la desarticulación del Estado del Bienestar.

    Los Gobiernos, las instituciones europeas y los organismos económicos mundiales como el Banco Mundial, el FMI y la OMC han impuesto la privatización y la desregulación. Como resultado de ello, los fundamentos neoliberales de los tratados de la UE se han puesto en entredicho: la idea de una “economía de mercado abierta con libre competencia”, la libre circulación de capitales sin control, la liberalización y la privatización de los servicios públicos y el estatus y la misión del Banco Central Europeo.

    Esta crisis histórica nos reta a construir la resistencia de la gente frente a la crisis y a abrir una perspectiva de cambio en Europa. Creemos que el único camino para salir de esta crisis es luchar por una Europa democrática y social y por una Europa que sitúa la economía al servicio de las personas y no a las personas al servicio de la economía.

    IU plantea una propuesta claramente alternativa que se fundamenta en que también hay que hacer política en Europa para contribuir a evitar que la crisis la paguemos la mayoría de los ciudadanos. Una política de europeístas de izquierda, que no de euroescépticos, capaz de cambiar el modelo de UE. Una política claramente alternativa a las políticas neoliberales que nos han traído a esta situación.

    Políticas neoliberales que han sido posibles, en gran parte, es necesario subrayarlo, por una especie de Gran Acuerdo subscrito por las fuerzas de la derecha conservadora y los partidos socialdemócratas. Entre las fuerzas políticas españolas, el PP y el PSOE han apoyado conjuntamente todas las decisiones determinantes que en Europa han fundamentado el neoliberalismo, y que han agravado y acelerado la crisis económica, y llevado a Europa en una profunda crisis política. PP y PSOE, desarrollando un programa común en la UE, alimentaron los factores de especulación y sobreproducción, característicos de la dinámica de acumulación de capital, con su búsqueda del máximo beneficio privado mediante la explotación tanto de las personas como del resto de la naturaleza. Factores que tanto facilitaron en años pasados el auge del capitalismo como nos condujeron en los últimos meses a esta profunda crisis. Ante esta situación, IU plantea una política económica guiada por el interés social y por el respeto a los límites de los recursos naturales, una política que tiene al socialismo como la alternativa al capitalismo.

  2. LA CONSTRUCCIÓN EUROPEA: UN PROCESO
    ESTANCADO

    Además de en una crisis económica, Europa esta también inmersa es una crisis política. El “No” en Irlanda, Francia y Holanda al Tratado de Lisboa y a la Constitución Europea han demostrado que hay un creciente número de personas que en Europa están en desacuerdo con las políticas antidemocráticas y antisociales de la Unión Europea. Creen que la UE está muy distante y es una construcción incomprensible que no les concierne, que ignora sus esperanzas y su situación actual.

    Reafirmamos nuestro “No” al Tratado de Lisboa. La expresión democrática de los pueblos tiene que ser respetada dentro de un nuevo proceso democrático, basado en una participación activa de la gente y de los parlamentos estatales y europeos. La participación democrática y los poderes parlamentarios deben fortalecerse a través de normas basadas en iniciativas populares, ampliar la codecisión y las relaciones entre los parlamentos estatales y el Parlamento Europeo. Los ciudadanos de la UE pueden y deben discutir y debatir una alternativa al Tratado de Lisboa.

    Quince años después del Tratado de Maastricht, las orientaciones neoliberales prevalecen. Las condiciones de vida y trabajo de la mayoría de la población europea han empeorado rápidamente: largas jornadas laborales, una vida laboral también alargada, salarios insuficientes, desempleo creciente y de larga duración, sobre todo para los jóvenes, y deterioro, a veces irreparable, de los recursos naturales que permiten la vida. Son una realidad escandalosa el trabajo temporal y las interinidades no retribuidas. En todas partes se reconvierten los servicios públicos para obtener beneficios. La situación de los inmigrantes en la UE y la política migratoria de la UE reflejan todo ello de forma dramática. Por otro lado, los beneficios se han incrementado tremendamente. Los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres.

    Sólo así se entiende la agresividad de Directivas propuestas como la de la ampliación de la jornada laboral a 65 horas semanales o la Directiva de la Vergüenza que criminaliza la inmigración y recorta derechos fundamentales.

    En relación con los recientes sucesos, como el conflicto del Cáucaso, la situación en Kosovo, los tratados bilaterales con EE.UU. sobre la instalación de bases militares en Europa del Este y la creciente carrera armamentística, hay que reclamar que la UE respete el derecho internacional y encuentre soluciones políticas para toda crisis.

    La militarización de la política exterior de la UE, ligada a la OTAN, debe ser sustituida por una política alternativa bajo el concepto de una seguridad basada en la paz, el diálogo y la cooperación internacional.

  3. LA CRISIS ECONÓMICA PONE A EUROPA EN UNA ENCRUCIJADA

    Nos enfrentamos a una crisis financiera, económica y social; una crisis profunda y global del sistema capitalista, posiblemente la más grave desde el crack de 1929. Esta crisis no sólo amplifica los problemas que el mundo está padeciendo en cuanto a la alimentación, la energía y el medio ambiente, sino que además profundiza la diferencia de género. De hecho, esta crisis afecta la vida de todas las personas en Europa y en el mundo.

    Hay una gran cantidad de gente que está decepcionada, frustrada y alejada de las políticas europeas. Pero hay también mucha ciudadanía luchando por sus puestos de trabajo y por la seguridad social, por los servicios públicos y por el derecho a participar en el proceso de toma de decisiones. Luchan por sus derechos políticos, sociales e individuales, por que se respeten los derechos humanos para todas las personas que viven en la UE. La inmigración y el derecho de asilo se han convertido en una cuestión urgente en la lucha política. Queremos más democracia y más igualdad, justicia y el derecho de todo el mundo de vivir con dignidad y en solidaridad.

    Ahora más que nunca la UE está en una encrucijada:
    – la UE continúa con su actual política neoliberal, sustentada tanto por las fuerzas conservadoras como por los partidos socialistas en el poder, que ahonda la crisis financiera, la crisis de seguridad, la alimentaria y la energética,
    – la UE se encamina hacia un modelo de desarrollo sostenible y de justicia social, de paz y cooperación mutua, de igualdad entre hombres y mujeres, de participación democrática y solidaridad, donde el antifascismo, el antirracismo, las libertades civiles y los derechos humanos sean prácticas comunes.

    Los ciudadanos de la UE han de decidir dónde quieren ir. La respuesta no puede ser ni la resignación ni la abstención. Ante esto IU dice: hay alternativas. La política en cada país y en Europa debe y puede cambiar.

  4. LA EUROPA QUE QUEREMOS

    Nos reivindicamos de la Europa que crea derechos, que conquista libertades. Nos reconocemos en la Europa heredera de la Revolución Francesa, de la Comuna de París, de la victoria contra el fascismo, de los intelectuales comprometidos, de los trabajadores que luchan, del espacio del
    mundo con más protección ambiental, de la Europa que con sus luchas y esfuerzos ha conquistado derechos y avanzado en Estados democráticos y sociales.

    Hoy están en riesgo. A esta generación nos toca el reto de reconducir el camino hacia un espacio de derechos, libertades, justicia social y reparto de la riqueza en una perspectiva socialista.

    IU y los partidos de la Izquierda Europea exigimos que esta Europa sea una Europa de paz y civil, cuya economía sea sostenible y social, una Europa feminista y desarrollada sobre la base de la democracia y la solidaridad. Para ello necesitamos una nueva sinergia entre las fuerzas sociales y
    políticas. Se requieren ideas, iniciativas y un gran esfuerzo de las personas que son protagonistas políticos y de las fuerzas democráticas, de los sindicatos y los movimientos sociales y de los representantes de la sociedad civil. Las alternativas son posibles, a través de una lucha común tanto en las calles como en los parlamentos.

    Nos sumamos a la lucha del movimiento pacifista, del movimiento antiglobalización, de todos aquellos que se rebelan por la precariedad de la vida, las luchas de los trabajadores, de las mujeres y de los jóvenes.