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Igualdad y Derechos – Situación en el España

La incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo ha sido, probablemente, el efecto más visible de los cambios sociales acaecidos en los últimos veinticinco años.

Casi 9 millones de mujeres se han incorporado, en este tiempo, al mercado laboral, lo que ha hecho que, en la actualidad, las mujeres ostenten una tasa de actividad 10 puntos inferior a la masculina cuando, hace 25 años, existía una “brecha” superior a los 21 puntos.

Un mercado laboral que, por otra parte, ha sido capaz de absorber exitosamente esta cuantiosa oferta, como lo demuestra el hecho de que la tasa de paro femenina se haya reducido desde casi el 20%, en 1982, hasta el 11%, en 2007. Sin que, sin embargo, se haya podido eliminar por completo la brecha entre mujeres y hombres, ya que la tasa de desempleo masculina se sitúa por debajo del 7%.

Las mujeres están hoy significativamente mejor preparadas que hace un par de décadas. En el curso 2005-2006, el 54,25% del alumnado matriculado en la universidad era femenino. Una mayoría que, en muchas titulaciones, es abrumadora, mientras que las carreras técnicas siguen ofreciéndose como carreras masculinizadas.

En relación con las interrupciones voluntarias del embarazo (IVEs), su número no ha dejado de incrementarse, pasando de 16.766, en 1987, a 101.592, en 2006, lo que implica un incremento del 506%. Un incremento que ha sido aún mayor en el caso de las adolescentes (562%).

La participación equilibrada de mujeres y hombres en los procesos de toma de decisiones es una condición necesaria para reforzar la democracia. Durante estos años, la participación de mujeres en los diferentes órganos de decisión se ha incrementado de una forma espectacular. La afiliación a los principales partidos políticos ha pasado de un 21,2%, en 1984, a un 34,1%, en 2007. Más llamativo ha sido aún el incremento de mujeres en el poder legislativo. Así, en el Congreso de los Diputados se ha pasado de un exiguo 4,6%, en la legislatura 1982-1986, al 36,3%, tras las últimas elecciones de marzo de 2008; mientras que en el Senado, se ha pasado de un 4,35% a un 28,2%. Mayor aún es la actual presencia de mujeres en el conjunto de parlamentos autonómicos, donde, en 2008, había un 41,6% de mujeres, frente al 5,6% existente en 1983.

Reducida sigue siendo la presencia de mujeres en las altas instancias de lo que podríamos denominar “poder económico” (apenas un 6,5% de mujeres ocupan puestos en los Consejos de Administración de las grandes empresas del IBEX-35) o “poder cultural” (el número de académicas en las Reales Academias españolas apenas alcanza el 6,2%).

Sin duda, las mujeres han alcanzado un alto nivel de participación y visibilización. Sin embargo, el peso de los estereotipos y los viejos patrones siguen estando presentes, como lo demuestra la persistencia, por una parte, de situaciones de discriminación y, por otra, de conductas basadas en la sumisión de la mujer al varón, como es el caso de la violencia de género. Hasta hace pocos años, la violencia de género era una realidad oculta y, en buena medida, socialmente tolerada, lo que tenía su traducción en unas estadísticas poco desarrolladas e incompletas, lo que impedía conocer con exactitud la magnitud del fenómeno.

En 2006, un 3,6% de las mujeres mayores de 18 años se declaraban víctimas de malos tratos, mientras que un 9,6% podían ser susceptibles de ser consideradas como tales, al margen de que ellas mismas se declaren o no como tales.

Complementariamente, el número de denuncias, fruto, en buena medida, de la mayor sensibilidad social ante el problema, no ha dejado de crecer y, en 2007, más de 63.000 mujeres formularon denuncias ante los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado por distintas manifestaciones de violencia ejercidas por su pareja o ex pareja.

Las 561 mujeres que, entre 1999 y 2007, perdieron la vida a manos de sus parejas o ex parejas parece lo suficientemente elocuente como para darnos cuenta de que nos encontramos ante un problema de gran magnitud. Finalmente, hay que resaltar que a la discriminación que muchas mujeres siguen sufriendo por el mero hecho de ser mujeres hay que añadir la “doble discriminación” que sufren determinados colectivos de mujeres. Igualmente, hay que hacer mención fenómeno de la “feminización de la pobreza”; y es que, en 2006, la tasa de riesgo de pobreza, en el caso de las mujeres, afecta a un 21,2%, mientras que, en el caso de los hombres, se reduce a un 18,5%.

El año 2008, con 81 mujeres muertas por violencia machista, ha sido el más sangriento desde que se realiza este registro. En 2009 ya son seis.

El número de mujeres analfabetas o sin estudios se ha reducido en un 84,2%, mientras que el de mujeres con estudios primarios lo ha hecho en un 11,8%. A pesar del descenso, seguimos comprobando, no obstante, que el analfabetismo sigue estando feminizado en España, puesto que, en 2007, casi un 70% de las personas analfabetas o sin estudios continúan siendo mujeres

En España, la situación de las mujeres sigue caracterizándose por la discriminación en el mercado laboral. En la comparación del salario media anual por tipo de contrato y sexo el salario de la mujer es entre el 25 y 30% inferior al del hombre, dinámica establecida y reconocida por los distintos gobiernos que favorece a los grandes empresarios con expectativas de que no cambie para bien en época de crisis en que se agudiza y se agrava el consentimiento a dichos empresarios. La implicación de responsabilidad política del Gobierno de la Comunidad de Madrid es nula ante los problemas discriminatorios laborales que las mujeres de esta comunidad tienen que soportar.

Por primera vez hay menos mujeres que hombres en paro debido principalmente al deterioro del empleo en sectores donde la fuerza de trabajo masculino es mayoritaria como la construcción. No obstante, hay un fuerte repunte de la cantidad de mujeres en la cola del INEM (un 65% más en Enero) por la fuerte caida del empleo en el ambito de los servicios y por la necesidad de encontrar un trabajo pues sus parejas llevan meses en paro.